Pages Navigation Menu

Geckos

Geckos

En las cálidas noches del norte de Australia hay un sinfín de sonidos de la naturaleza. Incluso en la ciudad, o al menos en los suburbios. Un chillido aquí, un revoloteo por allá; el ruido del pasto cediendo gentilmente bajo el peso de algún animal arrastrándose suvamente, o el frenético batir de alas de algún insecto enorme que va volando sin prisa. Todavía estoy trabajando duro para intentar reconocer qué sonido pertenece a qué animalejo (me contaba un amigo que los chillidos y rasguñones que escucho ocasionalmente en los árboles del patio pueden ser muy probablemente murciélagos luchando con zarigüeyas), y ya hace algún tiempo logré reconocer mi primero: el (¿croar? ¿latir? ¿barruntar?) del gecko. Es como si hubiera un pato del porte de un ratón pequeño, intentando hacer ‘cuack’ pero sin abrir el pico, y esto repetido varias veces. El resultado es un ruido de alta frecuencia relativamente mudo, pero muy reconocible. Y más aun estos días, pues la entrada de la casa está llena de estos geckos.

Gecko window

Los ‘dubious dtella’, o gecko de dedos entelarañados (me tomé la libertad de traducir, pues mi búsqueda online fue un tanto infructuosa), son endémicos del noreste de Australia, y son bien comunes tanto en la ciudad como en el campo. Tienen dedos con unas membranas especiales que les permiten adherirse a las superficies más lisas sin ninguna dificultad. Se alimentan de insectos, que es la razón por la cual el ventanal de la entrada es tan popular; al haber luz desde adentro, los pobres bichitos se ven atraídos a la luminosidad, solo para acabar en el estómago de un satisfecho reptil.

Dubious dtella

Estos pequeños no son agresivos ni venenosos y, aunque hacen un favor bien grande al acabar con gran parte de los insectos que pululan en los alrededores de las casas, si llega a meterse dentro dejan feces por todos lados (pequeñas pelotitas oscuras). Todavía no me acostumbro a que todo alrededor de la puerta de entrada se esté moviendo cada vez que llego de vuelta a la casa de noche. El otro día me cayó un gecko en la mano y, honestamente, me asusté: la arañas de acá también son famosas por dejarse caer encima de la gente (y saltar por todos lados) y son un tanto más venenosas que estos simpáticos reptiles. Por cierto: la foto donde hay un montón de geckos es un montaje que hice juntando varias fotos tomadas desde un trípode; por lo general hay entre uno y cinco geckos en elvidrio simultáneamente, y varios más en la pared. El otro día conté ocho, y estoy seguro de que hay más escondidos.

One Comment

  1. Te contare Bruno que en Panamá existen estos bichos, puedo agregar que son medios transparentes.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *