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El Cinturón de Granito

El Cinturón de Granito

Hace harto tiempo que Angel me quería llevar al famoso Cinturón de Granito australiano, una zona compartida entre los estados de New South Wales y Queensland que tiene una cantidad simplemente brutal de… granito.

Esto es, formaciones de granito de toda índole: desde explanadas, rocas, promontorios, valles, depresiones y formaciones curiosas hasta montañas enteras con la roca viva al descubierto.

Hay dos parques nacionales a través de los cuales se puede acceder a la parte más espectacular del Cinturón: Girraween y Bald Rock. Nosotros fuimos a Girraween, y quedamos fascinados. Primero, porque las caminatas no eran ni tan largas ni tan duras (aunque había harto peldaño para acceder a la mayoría de las atracciones); segundo, porque el lugar en sí es simplemente fantástico, lleno de rocas sobre las cuales se puede caminar y correr sin preocuparse por arruinar la champa de pasto en peligro de extinción o revolverle el hábitat a algún animalito; y, tercero, porque el clima es idílico. Caluroso durante el día, pero sin ser demasiado húmedo como el noreste, y con noches no demasiado frías, por lo que pudimos acampar sin demasiado problema aun en abril. Nos quedamos en un loteo de carpas cerca de Stanthorpe, la ciudad más cercana al parque. Como bono extra, nos tocaron noches completamente despejadas, ¡y completamente estrelladas!

Noche en Stanthorpe

Hay varias caminatas para hacer en Girraween, una de las cuales cruza al otro parque (Bald Rock), pero que no hicimos por falta de tiempo. Al estar volviendo a las pistas, ¡nos tomamos las cosas con andina y caminamos tranquilos y tomando fotos! Las depresiones rocosas producto de la erosión acuática fueron sorprendentemente bellas.

Formación rocosa subterránea

Como es característico de Australia, la fauna local abundaba: lagartos, lagartijas, serpientes, y pájaros de toda índole. Habían wallabies (canguros pequeños) pastando aquí y allá, y el último día hasta vimos un equidna.

Dragón barbudo

El equidna es el único pariente vivo del ornitorrinco, aunque no sean muy similares físicamente. Ambos son los únicos mamíferos que ponen huevos, y se las han arreglado para sobrevivir en uno de los ambientes más hostiles del mundo (Australia).

Echidna buscando comida

Las atracciones de Girraween tienen renombre nacional. Probablemente la más famosa es la pirámide, que es un pequeño cerro hecho completamente de granito al descubierto. Doscientos metros de altura, con un ángulo de inclinación de 31 grados. Esto pareciera no ser mucho, pero es suficiente como para mandarte rodando hasta la base si te llegas a tropezar. Lo bueno es que el granito tiene una textura sumamente rugosa, así que la mayoría de la gente sube sin mucha dificultad y sin equipo especial (vimos a un japonés subiendo en chalas, y a un australiano bajando a pata pelada, ¡auch!).

Subiendo la pirámide

Las enormes rocas precariamente equilibradas sobre bases diminutas también son imagen insigne del parque. Y, por mucho que me guste escalar y encaramarme, me dio julepe intentar subirme a esta. ¡Lo último que quiero es ser conocido como el perla que botó una de las bellezas del parque!

Roca con base pequeña

Otras beldades de Girraween incluyen el arroyo subterráneo, la esfinge y la tortuga. El arroyo subterráneo es un pequeño valle cavado en roca viva por el delgado torrente de agua que circula de un riachuelo cercano. A medida que avanza, se va haciendo cada vez más profundo hasta que se oculta completamente debajo de la roca. Olvídate de las barandas, cadenas y avisos de “no pasar” de otros parques: acá te puedes meter a chapotear al agua y lavarte los dientes en el arroyo si quieres. Todo está hecho de piedra, y por mucho que saltes, rasguñes o patalees, poco o nada daño le vas a hacer. ¡Quizás a la próxima nos metemos al sistema cavernoso que se forma hacia el final!

Arroyo subterráneo

La esfinge y la tortuga son formaciones rocosas que se asemejan a su nombre. La esfinge consiste de sendos pilares de roca apilados el uno sobre el otro. Intenté encaramarme por el costado, pero había poquísimos asideros y de roca sumamente afilada. Con unos cuantos años menos habría subido más, pero probablemente hubiera terminado con algún tipo de esguince o fractura.

Encuentre el escalador

¡La tortuga es toda una aventura! Otra mole más de piedra, solo que para llegar hacia la cima hay que pasar por una grieta de treinta centímetros de ancho, más de veinte de largo y unos quince de alto. Subí con la pura cámara en la mano y apenas pude cruzar la llamada chimenea: había que usar ambas manos para encaramarse a las rocas encalladas, y olvídate de cambiar de posición. Hay que aplicar paso de cangrejo la mayoría del camino. ¡Alguien con un poco más de panza habría quedado inevitablemente encallado!

¿Claustrofobia? ¡Bah!

La vista al final vale la pena. Tengo que admitir que en términos de vistas panorámicas este parque no tiene nada demasiado espectacular (comparado con otros parques como Mount Field National Park en Tasmania, por ejemplo), pero siempre es agradable el tener el bosque bajo uno y montañas en el horizonte. Desde aquí se podían ver la esfinge, el castillo y la pirámide.

Vista desde la tortuga

De más está decir que tenemos que volver al parque. Todavía quedan caminos por recorrer, y las duras y extensas superficies rocosas invitan a no aburrirse jamás de caminar, correr y saltar de piedra en piedra. Sin mencionar que la zona tiene medio centenar de viñedos, restaurantes que sirven de las mejores carnes que he probado en la vida (se redimió Australia con ese feroz entrecot de 400 gramos). Lo más probable es que la próxima vez vayamos simplemente a comer queso, carne y a tomar vino. Y, quizás si tenemos algo de tiempo, saltar por las piedritas del parque.

 

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